La presentación de un proyecto relacionado con el cine que nunca salió a la luz:
"Cuando era niño había una película de dibujos animados, “Fievel va al Oeste”, que le pedía a mi madre que me pusiera casi cada día. Al terminar la aventura de Fievel, con final feliz, el sheriff Wylie Perrales le llama a su lado y juntos, sentados sobre un peñasco del árido desierto, contemplan la puesta de sol en el horizonte. El sheriff le dice: No olvides una cosa Fievel: el atardecer de un hombre es el amanecer de otro. Yo no sé que hay detrás de esas montañas, pero si cabalgas hacia allá con la frente en alto, la mirada fija y el corazón dispuesto... algún día descubrirás que tu mismo eres el héroe que has estado buscando.
Veinte años después, todavía me recorre el cuerpo un estremecimiento de emoción al recordar la voz, quebrada y con acento latino, del viejo sheriff que hablaba con ojos entrecerrados ante la luz del poniente.
Sin apostatar: cada uno de nosotros porta en su interior una película, una secuencia o un solo fotograma que le remonta al universo particular que plasmase el film. Ese recuerdo es, muchas veces, más completo que el que puedas guardar de una buena novela o un gran disco, porque el auténtico cine consigue aunar todas las artes.
Ningún arte transciende nuestra conciencia de la forma en que lo hace el séptimo (que diría Bergman), dirigiéndose directamente hasta nuestros sentimientos, adentrándose en las oscuras habitaciones de nuestras almas.
––Juro por dios que nunca volveré a pasar hambre.
O dicho con voz estentórea.
––Que la fuerza te acompañe. ––cuando envías a tu hermana, o hermano, a comprar el pan.
Leyendas como Scarlett O´Hara, su imagen enhiesta ante un cielo por primera vez azul, o el plantel completo de amigos de Skywalker, trascendieron más allá del rectángulo de tela en blanco, no por el impacto del inicio del color o el poder de la ficción intergaláctica, si no porque el cine se nutre de los sueños, de las noches que hemos dormido al raso observando el firmamento y preguntándonos que habrá allá arriba, de las historias de valor en guerras que vivieron nuestros antepasados, de las expediciones hacia lo desconocido que, de niños, realizábamos a lomos de una bicicleta.
El invento del séptimo arte, como tal, se le acredita a dos hermanos franceses que proyectaros la llegada de una locomotora a la estación de Ciotat. En realidad la concepción de la cinematografía es anterior al siglo XIX. Las primeras películas de la historia humana todavía están escritas en las paredes de las cuevas, donde nuestros cazadores prehistóricos dibujaron a los bisontes con seis patas, tal y como ellos los percibían al huir de las lanzas. Algún tiempo después, un estagirita definiría la facultad de las tragedias griegas de purificar a los espectadores de sus propias bajas pasiones al involucrarse en la trama, Y que buscaban, sino la catársis, los miles de espectadores que crearon el mito en torno al Olimpo Hollywoodiense durante el crack de la bolsa del 29. Una butaca desde la que, al menos durante un par de horas, ver proyectados problemas que sufren otros: olvidar el despido inminente en la fábrica de coches, el bebé que está a punto de llegar, los rumores de movilización que escuchas en las cantinas y sumirte en la contemplación de “la Garbo” encarnando a Anna Christie.
El cine es más que evasión, más incluso que pasión: más que un proyeccionista ciego que cita palabras de Clark Gabble, un padre judío que juega al escondite con su hijo en un campo de concentración, una chica que encuentra un album con retratos de fotomatón reconstruídos o un humano con fecha de caducidad que ha visto cosas que no creeríamos.
Más, mucho más.
A lo largo de su historia, la industria filmica ha roto los esquemas de comportamiento social convencionales (la moda masculina desechaba las camisetas blancas de manga corta hasta que a Marlon Brando le desgarraron la suya), y cuando no los ha roto, directamente los ha fundado: "El buen sabor de Lucky es tan dulce y suave como la mejor canción de Mammy jamás escrita", afirmó Al Jolson en la película The jazz singer, y tres generaciones fumaron hasta en hospitales". (...)



Cuanto mas difícil es comentar ahora ...en fin...2 cosas: no comparto el pódium en el que el cine es el número 1, la mejor película del mundo no tiene nada que hacer con un buen libro, y si te gustaba Fivel va al oeste, deberías ver la 1ra de Fivel: Fivel va a América...hay un antes y un después de esta película...jue! hasta prontito!
ResponderEliminarDos cosas más:
ResponderEliminar1) Fievel va a América es una buena película, pero no tan buena como su aventura en el Far West. Créeme, soy quizás su fan más acérrimo.
2) No digo que una novela no sea superior a una película, lo que creo es que su impronta en tí, el poso, el recuerdo, es a veces más detallado que el de la literatura.
Cualquier imagen no vale más que mil palabras, pero si detrás de esa retrospectiva de París está el judío enano-neurótico más famoso de Manhattan...
París no se acaba nunca.
Triboard, sí.