Porque me había cansado de ti: de que fueses tan de piñón fijo, de que solo te sintieses cómoda en la ciudad.
Hoy me pregunto si he hecho bien. Y la verdad: no puedo dejar de pensar en ti.
En la de veces que te puse a punto. En la primera vez que te monté. En la maravillosa sensación que me provocaba estar encima de ti. Me hacías sentir libre. Me hacías sentir a lomos de un antílope salvaje que corta el viento.
Sin embargo ayer te dejé.
Te dejé en manos de un impostor. Un mercader que te tratará como a un negocio. No conocerá tu historia, ni tu procedencia, ni el tiempo que hemos pasado juntos. No conocerá la de kilómetros que hemos recorrido tan pegados que parecíamos uno. No sabrá las ocasiones en la que fui yo el que tuvo que tirar de ti, cuando veía que te faltaba el aire.
Puede que no fueras la más rápida, ni la más bonita. Pero eras mía.
Y me torturo imaginando qué nuevas manos te acariciarán. Quién te guiará con nueva ilusión. Quién de todos ellos. Todos ellos que no son yo.
No sé si me echarás de menos. Yo sin dudarlo, a ti sí.
Y lo que siento es profundo agradecimiento: por las veces que creí volar gracias a ti, por lo fuertes que se volvieron mis piernas gracias a ti, por la cantidad de gasolina que me ahorré gracias a ti.
Mi corazón pedaleará contigo siempre, hermosa gacela de los hermanos Beistegui.


lástima, no se en que ciudad vives, pero siempre es un placer volar en bici x todas...espero que la hayas cambiado por una mejor y no te hayas quedado sin nave...
ResponderEliminarhasta prontito!
Me he quedado si nave, afirmativo.
ResponderEliminarY me resisto a hacerme con una nueva acostumbrado a volar con la mía.
Pero tarde o temprano tendré que hacerlo, estoy llegando tarde a todas partes.
Gracias por comentar!
Hasta pronto.