martes, 31 de mayo de 2011

ONLY ONE FUCKING KISS (AGOSTO - SUMMER ENDS)

Agosto

Durante la primera semana en la piscina, G se hace experto en miradas: aprende a mirar “como quién no quiere la cosa”, a deslizar la vista con ojos quietos “como mirando sin ver”, a lanzar “miradas furtivas”, a realizar una masculina “caída de ojos”. En todo momento la observa a ella, rotando sobre la toalla para no parecer la corteza de un huevo kínder. La observa a ella y a su diminuto bikini negro.


En el transcurso de la segunda semana, G traba amistad con un holandés sexagenario que fue nadador olímpico. El abuelo todavía es capaz de recorrerse la piscina de un extremo a otro buceando. Todos los guiris flipan. G escucha algunos trucos acerca de la ondulación correcta de las piernas que le harán ganar velocidad y prueba suerte. Hacia la mitad de la distancia que tiene que recorrer en las profundidades azules siente como están a punto de explotarle los pulmones. Con el pensamiento fijo en la nieta de la guiri realiza un último esfuerzo que le ayuda a alcanzar la pared sin perder el conocimiento. Mareado, al salir del agua para tomar aire con el pecho agitado solo la busca a ella, que no está mirando. El resto de guiris flipan. G llega a la conclusión de que los guiris flipan por todo.

La tercera semana G cae en la cuenta de que apenas restan quince días para que terminen las vacaciones y la vuelta al cole le separe físicamente de la belleza anglosajona. Tiene que acelerar el proceso, provocar que suceda algo.

La situación idónea llega por si sola: la nieta de la guiri, que no abandona el perímetro de su toalla más que para humedecerse la piel en la ducha, comienza a dar grititos y a hacer aspavientos con la mano derecha. Le ha picado una abeja cuando se dirigía a abrir el grifo. G, intrépido, se acerca hasta ella y le hace un gesto como pidiendo que le enseñe la extremidad herida. La guiri le enseña la mano en la que, a altura del dedo corazón, comienza a inflamarse la franja de piel que ha recibido el aguijón. G, sin saber realmente qué está haciendo, aferra firmemente la delicada muñeca de su amada y pega ambos labios sobre el absceso que crece por momentos, succionando con fuerza como si fuera a extraer el veneno de una mamba negra del desierto australiano.


La nieta de la guiri se ríe y enseña todos los braquets, bien porque G le hace cosquillas con su técnica de succión a lo cocodrilo Dundee o bien porque G hace un ruido como de sorber sopa con su técnica de succión a lo cocodrilo Dundee.

La nieta de la guiri se ríe y eso siempre es buena señal.

La última semana de agosto dura un suspiro. Los días se suceden raudos y veloces cuando se es feliz –instante de reflexión– como si el tiempo se acelerase para darte alcance y recordarte que todo lo bueno es breve (o todo lo breve es bueno). G pasa las tardes hablando con la guiri en un lenguaje que solo comprenden ellos formado por palabras en inglés, vocablos castellanos y mímica universal.

La noche de su despedida, G acude al baile de los guiris para encontrarse con ella y dar juntos un último paseo al abrigo de las sombras. Los dos se alejan con pasos torpes del remix de Waterloo, callados y nerviosos por algo que no aciertan a describir, pero se intuye en el ambiente.

G, que para entonces ha mejorado notablemente su comunicación con ella, le hace entender que le gusta. Nada más. No le habla de amor. Del amor que le hace salir del chalet a las tres y media de la tarde, cuando el sol amenaza con derretirle los sesos, para observarla furtivamente dormir sobre la tumbona, rodeada de ese aura de naturaleza congelada. El amor que le ha convertido en el mejor buceador de once años que haya pisado la piscina de la Torreta 2. El amor que ha sido la única ocupación formal a la que se ha dedicado durante todo el verano.


Ella le contesta que tiene un boyfriend esperándola en Reino Unido. Y G, que está a punto de vomitar su corazón de puros nervios, aguanta el disparo a bocajarro de pie, sin mover un solo músculo facial, sin manifestar exteriormente la tormenta de emociones que acaba de desatársele en la boca del estómago.

G deja a la nieta de la guiri en la puerta de su chalet, en el porche a oscuras donde gobierna el zumbido de las cigarras. Y la despide mudo, olvidado al instante todo el inglés que ha aprendido en los últimos días: una hábil maniobra de su subconsciente que le libera de aquello que ya no necesita, aligerando el peso del cerebro que ahora debe soportar la inmensa pena de su ausencia.

Pedalea de vuelta en la vieja BH y lo hace con fuerza, sintiendo el pulso acelerado en los muslos tirantes por el esfuerzo. Pedalea y con cada vuelta de cadena tiene la impresión de que se agrava la sensación de absoluto fracaso. A escasos metros de las luces del porche del chalet familiar clava el freno y apoya el pie derecho en tierra. Un aleteo de pensamiento, una certeza por el rabillo de ojo, un querer rebelarse contra las fuerzas invisibles que rigen el mundo desde el otro lado del espejo.

Vuelve al lugar de la despedida y empapado en la emoción presiona el diminuto timbre de la entrada. La nieta de la guiri reaparece con cara de ansiedad mal disimulada. G hace gala de su recuperación lingüística y con un vocabulario de traductor experto le explica, sucintamente, que de ninguna de las maneras posibles y por haber puede coger ese vuelo al día siguiente sin haberle dado antes un beso.


Un beso, a kiss, only one fucking kiss. La nieta de la guiri sonríe en la penumbra y los hierros de su dentadura brillan como la madreperla (o eso piensa G, que nunca ha visto la ha visto brillar). G espera el veredicto durante una hora, un segundo o dos, y contra todo pronóstico que hubiese podido realizar, la nieta de la guiri coge de la mano a G para alejarle de la residencia estival británica y posibles miradas inquisidoras.

La nieta de la guiri coge de la mano a G, palma caliente contra palma caliente, y le lleva asido hasta la sombra más cercana proporcionada por una palmera del jardín vecino. En medio de la atmósfera tórrida y ausente de luz, G siente como los brazos de ella le rodean el cuello y lo aproximan con brutal meticulosidad.


Summer ends

Un beso, a kiss, only one fucking kiss… Incluso los términos que G conocía en su lengua materna le parecieron insuficientes para describir aquello.

Así que yo no voy a tratar de hacerlo.

1 comentario:

  1. final feliz! me gustan los finales felices...a todos nos gustaría poder explicar finales como este!!

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