viernes, 3 de junio de 2011

PROLEGÓMENOS A LA ETERNIDAD

... estaba en mi salón sentado en el sofá y una mosca enorme ha entrado volando por la terraza. Sé que es una tontería explicar que lo hizo volando, quiero decir, una mosca nunca va a entrar caminando, pero así fue.

Entró zumbando como un zeppelín.


Como una Harley Davison de mosca. Y se golpeó contra las cuatro paredes de mi pisito. Sin dejar de zumbar: como una sirena de bomberos.

De pared a pared. Golpeándose. Girando el aire. Y de repente se acercó al aplique de la pared –atraída por la bombilla, supongo­– y se metió dentro. Zumbó una, dos, tres veces. Y ya no se escuchó más. Se había quemado.

La mosca se había inmolado en mi aplique. Había ardido en contacto con la bombilla.

Se había muerto de calor la mosca. Se había muerto abrasada.

No pudo elegir mi mosca. Su condición de insecto la acercó a la bombilla, y la bombilla acabó con su condición de insecto. 

Acabó con todo.

Pero yo seguía allí, impertérrito, sentado en mi sofá, oliendo el suave tufillo a mosca a la brasa y pensando: que paradoja. Que puta que es la vida. Nuestra existencia no es más que un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad.

Bueno, la verdad es que esto último lo pensó Nabokov


Así que me he decidido a inmortalizarla. Adoptar su imagen en su memoria. Porque es importante escribir sobre las moscas. Lo decía Machado y lo cantaba Serrat (lo cantaba Serrat en el disco de Machado).

1 comentario:

  1. waw! cuanta importancia a una simple mosca...supongo que a cada unos le importa lo que le importa,no? hasta prontito!

    ResponderEliminar