He descubierto una nueva afición que bien podría elevarse a la categoría de deporte: hacerme revisiones oculares.
Es gratis.
Vale, no en todos los sitios, pero sí en una amplia mayoría; se entiende que cuando tú vas a mirarte las dioptrías, que siempre habrán aumentado, saldrás de allí con unas gafas bajo el brazo (o sobre el puente de la nariz), que amortizarán el coste mirarte los ojos.
Todo empezó porque llegaba a casa por la noche y no enfocaba bien la puerta del baño.
Vivo en un piso de 25m2.
Así que me dije –coño, aquí algo anda mal- y fui a la óptica del barrio donde me atendió el primo de Muchachada Nui. Lo juro. Era él. Con esos piños que tiene, la cara de loco patológico y el pelo rubio. El primo de Muchachada Nui con gafas vintage es el oculista de mi barrio.
Y me sentó en una máquina donde tenía que apoyar la barbilla y mirar un globo. Y yo miraba por el agujerito el globo de colores. Un globo aerostático en miniatura. Un globo aerostático en miniatura de colorines, como el de Willy de Fog. Miraba por el agujerito con cada ojo y la máquina hacía unos ruidos y desenfocaba la imagen y de repente salía un ticket de uno de los costados de la máquina y el primo de Muchachada Nui hacía una gracia muy graciosa de las suyas en referencia al astigmatismo y todo era reír y gozar.
Luego me hizo pasar a una salita oscura y me sentó en una silla de dentista para que mirase una pantalla blanca con números y letras que se iban haciendo más pequeños. Yo acertaba casi todo, salvo la última fila con el ojo izquierdo. Que resulta que lo tengo vago.
Tengo el ojo izquierdo vago.
Un ojo izquierdo zángano, como las abejas gordas que no polinizan. Un ojo izquierdo que siempre va a los exámenes de septiembre. Un ojo izquierdo que podría ingresar en la casa esa de los nini para aprender a planchar, a ser un ojo de provecho como el derecho (pareado retinal).
El primo de Muchachada Nui quiso ponerme gafas. Yo dije que sí, que claro, que había que corregir esa falta de disciplina de mi ojo izquierdo. Y salimos de nuevo a la tienda y me enseñó monturas de gafas. Había monturas de nerd, monturas de gafas de esas que podría llevar tu padre y monturas pop. Yo elegí estas últimas.
Me dije -¿qué escogería Guardiola en mi caso?- y me probé unas gafas retro.
Me quedaban de puta madre.
Yo me veía en el espejo, con aquellas gafas de Berto Romero, negras, de pasta, y el primo de Muchachada Nui contando chistes por detrás y me decía a mi mismo –estás echo un pincel, vaya gafas, que bien te quedan, unas gafas dignas de un novelista de literatura erótica postmodernista, post de todo-. Vaya gafas de extra "encargado de las fotocopias" en Mad Men (freak reference).
Cuando el primo de Muchachada Nui me dijo el precio perdió toda su gracia.
Así que salí de allí dispuesto a hacerme otra revisión en una óptica más barata que la del barrio. En una de esas cadenas de oculistas tan asépticas. Tan profesionales.
En General Óptica me dijeron que no tenía nada.
En Multióptica me acusaron una presbicia precoz.
En Visionlab diagnosticaron tuertera.
En el país de los ciegos el tuerto es el rey.
En el país de los ciegos el tuerto es el rey.
Je.
El caso es que me aficioné. Me gustó. El ritual. El protocolo. La mesurada atención, el globo de colorines que a veces era un surfista, otras un faro. Las letras en el recuadro blanco que siempre son las mismas… Después de mi decimonovena revisión era el puto amo. Me las sabía todas de memoria: m e g h t r; 7 8 5 2 1; hay que cuidar las lentes de contacto porque suponen un bien de reparación para su vista cansada.
Los oculistas flipaban, un lince decían, ojo de halcón, decían. Y yo como un hacha, leyendo sin errores con tipografía times new roman -15.
La mala noticia es que ya he agotado todas las ópticas de la ciudad.
La buena es que cuando me apetece hacerme otra revisión, cierro el ojo derecho y todo me da más pereza.



che, como de costumbre, tu última frase me resulta la mejor!
ResponderEliminarMuy bien, además, no habrá tantas ópticas en esta ciudad de las mil maravillas, verdad?
cheers
La última frase siempre es más fácil que la primera..
ResponderEliminarMuchas gracias. Y en esta ciudad de las mil maravillas hay de todo, pero pocas ópticas en comparación con el record nacional de relojerías por m2.
Te haré reír la próxima vez que te vea.
ojalá, joder.
ResponderEliminarmuy bueno...
ResponderEliminarGracias! Y encantado de verte aquí.
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