Mi padre no tiene mejillas.
Y es que la barba no es vello facial. La barba es un estilo de vida.
Y es que la barba no es vello facial. La barba es un estilo de vida.
Como fumar en pipa. (Fumar en pipa es el estilo de vida).
Me estoy dejando barba y noto que el clima circundante varía con la cantidad de pelo que llevo en el rostro. Mi ecosistema personal, con la flora y la fauna que lo integran, sufre permutaciones provocadas por la ausencia de una cuchilla de afeitar.
Yo me dejo barba y soy más serio. Más adulto. Es así, me veo en el espejo del ascensor por las mañanas y subconscientemente escucho a mi abuela: un home é un home, e un gato un becho.
No tengo ni zorra idea de psicología. No entiendo porqué me asalta la voz interior de mi abuela en el ascensor. He leído los casos clínicos de Freud. Pero no podría dilucidar que "esa mujer que llora cada día al pasar por la misma esquina lo hace porque le asalta un trauma infantil en el recodo donde Luisito le levantó la falda durante una excursión del parque infantil". Ni tan siquiera estoy seguro de confiar en el psicoanálisis, una disciplina que justifica cualquier tipo de atrocidad del típico-psicópata-americano en base a carencias afectivas. O el súper yo. Seamos claros, creo que tenemos bastante con tener que soportarnos solitos y adentro como para que una versión X-Men de la conciencia alquilara habitación en nuestra piel.
Que cínico que me estoy poniendo para decir que me veo en el espejo con barba y soy más serio.
Retomo:
Tu vello facial de define. Es así. Porque tu lo vales. Sin pretender caer en trending topics: cualquier tipo con bigote tiene una leve pinta de fascista. ¿Que los modernos lo han vuelto a poner de moda y ya no se relaciona con Tejero si no con Freddy Mercury?. Lo que quieras. El otro día vino el del gas con un bigotazo digno de general húsar y al abrir la puerta pensé que me iba a dar el paseo. Vaya susto que me llevé. No lo puedo evitar. Es así. Los bigotes me transmiten malro. Mira al hijo mayor de Cuéntame Como Pasó. Tan periodista el, tan reivindicativo. Me despisté un par de temporadas, volví a la serie y pensé que Toni había opositado para Guardia Civil (y que conste en post que no tengo nada contra la Benemérita. Repito: nada).
Ya ni quiero hablar de Dalí.
O los que se hacen arreglos en la barbita. Los que se perfilan la barbita con máquinas especiales para que la paralela entre la línea mandibular y la de los pómulos sea perfecta. O los que se dejan una rayita de pelo de la patilla a la perilla. Una rayita finísima. Una rayita que les une los pelos de las patillas con los pelos de la perilla. Un cordón umbilical de barbita, para que la perilla crezca sana y fuerte alimentada por el cabello. ¿A dónde van esos tíos? ¿Quién invento esa mierda? Y dos últimas reflexiones: ¿Qué clase de tecnología poseen para que la rayita sea tan condenadamente recta? ¿Son acaso una raza alienígena invasora camuflada como humanos que utiliza la barbita para reconocerse entre sí?.
No lo sé.
Yo solo sé que me estoy poniendo faltón.
Yo solo sé que me veo con barba y me siento más serio. Y que Freud no puede decirme nada al respecto, pero que Punset si lo haría. Punset hablaría de conexiones neuronales y capilares. Bravo Punset. Por eso él lleva esos pelos de puto loco. De inventor jamado. Porque piensa mejor con ese pelo. Aunque Punset sería capaz de relacionarte las conexiones neuronales con los usos culinarios de la alcaparra.
Dejarse barba también es tendencia. Don Juan Carlos lleva barba.
Y no debemos dejar a un lado las barbas y la literatura. Las barbas de literatos. La literatura de barbas: la espesura de Valle-Inclán, la pelosidad selvática de Hemingway, la licantropía de Petrus Borel.
Las barbas y la literatura son casos como el de Cortázar. Que afeitado escribía relatos de tigres sueltos por la casa, llamadas telefónicas de ultratumba, Charlie Parker persiguiéndose-perseguido y fotografías con mucha amplitud de campo.
Y al convertirse en la bestia barbuda, sobre cronopios y famas.
Porque la barba no es vello facial. La barba es un estilo de vida.
Y no debemos dejar a un lado las barbas y la literatura. Las barbas de literatos. La literatura de barbas: la espesura de Valle-Inclán, la pelosidad selvática de Hemingway, la licantropía de Petrus Borel.
Las barbas y la literatura son casos como el de Cortázar. Que afeitado escribía relatos de tigres sueltos por la casa, llamadas telefónicas de ultratumba, Charlie Parker persiguiéndose-perseguido y fotografías con mucha amplitud de campo.
Y al convertirse en la bestia barbuda, sobre cronopios y famas.
Porque la barba no es vello facial. La barba es un estilo de vida.
(...) Solamente vendrá lo que tienes preparado y resuelto, el triste reflejo de tu esperanza, ese mono que se rasca sobre una mesa y tiembla de frío. Rómpele la cabeza a ese mono, corre desde el centro hacia la pared y ábrete paso. ¡Oh cómo cantan en el piso de arriba!. Hay un piso de arriba en esta casa, con otras gentes. Hay un piso de arriba donde vive gente que no sospecha su piso de abajo, y estamos todos en el ladrillo de cristal. Y si de pronto una polilla se para al borde de un lápiz y late como un fuego ceniciento, mírala, yo la estoy mirando, estoy palpando su corazón pequeñísimo, y la oigo, esa polilla resuena en la pasta de cristal congelado, no todo está perdido (...).
Julio Cortázar. Historias de cronopios y de famas (1962)




Pon el apellido y obra cuando citas, amore. La foto ultima, que bella.
ResponderEliminarBuen dia.
Fe de errores:
ResponderEliminarAhora lo arreglo.
Buen día!
...a lo mejor las raíces de la barba llegan hasta el cerebro y tocan puntos estratégicos que hacen cambiar la personalidad, y hasta los valores de las personas...de ahí que las mujeres barbudas sean personajes tan extraños!
ResponderEliminarSol,
ResponderEliminarNo es una mala teoría, pero creo que las mujeres barbudas son personajes tan extraños por más motivos que el de tener barba (aunque ese sea el que las define).
quien sabe...por las dudas no te la dejes demasiado larga...
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